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Desde el escritorio del pastor
Tercer domingo del Tiempo Ordinario
En el Evangelio de hoy, según San Mateo, escuchamos que Jesús comienza su ministerio público en la región del Mar de Galilea, en Cafarnaúm para ser más exactos, un pueblo de pescadores. Su mensaje inicial es: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca». Hemos escuchado muchas veces que la palabra «arrepentirse» significa hacer cambios en nuestras vidas; cambios para mejor, esperamos. Generalmente, ese cambio está asociado con algún tipo de comportamiento, actitud o estilo de vida pecaminoso. Y este «cambio» suele afectarnos personal y exclusivamente a nosotros mismos. Pero el relato de hoy sobre el llamamiento de Jesús a los cuatro pescadores, Pedro y Andrés, Santiago y Juan, para que lo siguieran, nos recuerda que el «cambio» al que Jesús nos llama a hacer en nuestras vidas también tendrá un efecto en la vida de otras personas.
Escuchamos que los hermanos Santiago y Juan trabajaban en el negocio de la pesca con su padre, Zebedeo. Cuando Jesús les dice: «Síganme», dejan sus barcos, sus redes y a su padre para seguir a Jesús. El tipo de cambio al que Jesús nos llama tendrá algún tipo de efecto en nuestras relaciones con otras personas. Podría ser con familiares o con amigos. Podría ser con compañeros de trabajo o de estudio. Y en algunas situaciones, su reacción podría ser la misma que probablemente tuvo Zebedeo hace dos mil años… ¡incredulidad! Algunas personas simplemente no creerán cuando nos «arrepintamos» de nuestros antiguos caminos. Y esas mismas personas podrían estar igual de sorprendidas e incrédulas cuando cambiemos de rumbo en la vida y tomemos en serio lo que significa «seguir» a Jesús, como hicieron Santiago y Juan, Pedro y Andrés.
Pero luego Jesús va más allá y dice: «Los haré pescadores de hombres»; lo que significa que cambiará la forma en que normalmente lo «seguimos»; ofreciendo oraciones diarias, asistiendo a misa y viviendo según los diez mandamientos. Además, Jesús quiere que salgamos y hagamos discípulos de otros, o, como Él lo expresa, que seamos «pescadores de hombres».
Así pues, la historia del llamamiento de los cuatro futuros apóstoles no es solo el recuerdo de un acontecimiento histórico de hace muchos siglos. Es un mensaje simbólico sobre la invitación de Jesús que sigue vigente hoy en día, en 2026. Él quiere que lo sigamos, lo cual generalmente implica que hagamos algunos cambios en nuestra forma de pensar y de actuar. – Mons. Greg