Blog

Recent Posts

Archives

Categories

Desde el escritorio del pastor

Cuarto domingo del Tiempo Ordinario

Los buenos terminan últimos” es un dicho que se perpetúa de cultura en cultura y se inculca en la mente de los jóvenes desde que tienen uso de razón, y ciertamente desde que aprenden a competir. Lo triste es que es una mentira. Conozco a muchas personas que han alcanzado un gran éxito en lo que hacen y son personas muy amables. Su éxito se puede medir en dinero, en puestos corporativos, en rangos militares, en bienes materiales, en trofeos o premios, en fama y fortuna, y, al mismo tiempo, siguen siendo “buenas personas”. Uso la palabra “bueno” aquí para implicar que una persona intenta imitar el ejemplo de Jesús en cuanto a la interacción con los demás, cómo tratar a los demás y llevarse bien con ellos, respetándolos. San Pablo se hace eco de lo que Jesús predicó durante su vida en la tierra, y es que, ante Dios Padre y Jesús nuestro Salvador, los buenos terminan primeros por el simple hecho de ser “buenos”; o dicho de otra manera… son amables, respetuosos, compasivos, generosos, considerados, serviciales, comprensivos, solidarios y misericordiosos. ¿Se puede ganar una carrera y aun así ser todas esas cosas? Claro que sí. ¿Se puede obtener un alto rango o posición y aun así ser todas esas cosas? Claro que sí. ¿Se pueden tener muchas posesiones materiales, trofeos y premios, y aun así ser todas esas cosas? Claro que sí. Jesús no está diciendo de ninguna manera que vivir las Bienaventuranzas sea solo para quienes tienen poco, o para quienes son débiles, o para quienes son humildes, e incluso pobres. Creo que Jesús nos recuerda que vivir las Bienaventuranzas es una “forma de vida” que cualquiera puede elegir; una “forma de vida” que cualquiera puede alcanzar; una “forma de vida” que todos estamos llamados a abrazar como sus seguidores. -Mons. Greg