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Novena a la Virgen de Guadalupe: Octavo Día

La verdadera conversión nos lleva siempre a la acción

Todos nosotros conocemos la historia de la Virgen de Guadalupe. Desde chiquitos, cada 12 de diciembre, hemos oído a nuestra mamá o abuelita, contarnos la historia de las apariciones de la Virgen a Juan Diego en el Tepeyac. Y cada año vamos a visitar a la Virgen para saludarla, rezarle y contarle nuestros problemas y angustias.

La historia cuenta que allá por el año 1531 la Virgen se apareció a Juan Diego. Y sabemos también que hacia el año 1560 ya se había puesto por escrito este relato. Don Antonio Valeriano se llamaba el indígena que lo escribió, y junto a otros indígenas compañeros del Colegio de la Santa Cruz, no hicieron otra cosa que dar forma literaria a la historia que ya recorría todo México de boca en boca.

Dios tiene confianza en la fuerza transformadora de su Pueblo. Toda fiesta nos hace recordar de manera especial el mensaje que Dios tiene para nosotros. Por eso queremos que la fiesta de Nuestra Madre, María de Guadalupe, sea ocasión de descubrir nuevamente lo que ella quiere decirnos en este momento de nuestra historia. Hoy como ayer atravesamos una situación difícil de pobreza, de dependencia de naciones poderosas, de falta de recursos para que el pueblo viva una vida de dignidad, como merece, por ser imagen “del verdadero Dios por quien se vive”. Juan Diego es para nosotros símbolo de ese pueblo que sufre por la pobreza y que es despreciado por los que tienen poder. Dios, una vez más, se vale de ese pueblo, Juan Diego, para llevar su mensaje, su encargo de edificar el templo de Maria; es decir. Dios tiene confianza en la fuerza transformadora del débil.